22 junio, 2010

Mente desocupada: taller del diablo...

Más que cierto, tengo lapsos ecuánimes en los que casi me comporto con la normalidad acostumbrada y de vez en vez se me escapa una sonrisa pero las penas que se tatúan en el alma no se pasan con agua, se disimulan y se olvidan por ratos pero viven y respiran y apenas pueden se retuercen para hacerte sentir que seguís viva y que adentro la tienes aunque una se quiera hacer de la vista gorda...

Hay un clavito pegado a la pared. Saqué del polvo un cuadro hermoso para guindar del clavito, así que de fachada ya nadie va a ver el enorme hoyo donde vive el clavito; es lindo el cuadrito, lo tenía guardado y se me ha hecho buen tiempo para sacarlo de nuevo. A ratos lo pongo y sonrío y todos lo notan, "qué lindo cuadrito" se dejan decir y se alegran por mí, se emocionan viendo que sonrío, que hablo, que soy la misma que creen conocer, pero sólo yo sé que hay debajo del cuadro hermoso que todos pueden ver.
Pero cuando estoy sola y mi mente se deja abandonar quito el cuadro solo para ver el clavito y preguntarme porqué cada que trato de arrancarlo, la pared entera se quiere venir con él, porqué si ayer lo desatornillé se las arregla para regresar al mismo lugar; mientras yo me pienso qué pensará el clavito, el clavito tiene un mundo aparte, poco le importa si lo quito o si lo dejo, al final es un clavo estúpido y en su cabeza de clavo sólo hay espacio para cosas de clavos y yo miro el clavito y me pregunto porqué es que no lo quiero quitar y si será que me voy a acostumbrar a vivir con ese hoyo enorme donde vive mi clavito.
Ayer desempolvé el cuadro y hoy lo puse orgullosa, por momentos me olvido que hay detrás del cuadro y cuando lo halagan, sonrío desde adentro con una sonrisa tan auténtica como alguna vez lo fueron mis sonrisas, tanto se le parecen que me cuesta diferenciar si realmente es honesta o sólo estoy confundida; y así me la paso... poniendo y quitando el cuadro.

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