27 junio, 2010

Para olvidar

Para olvidar se necesita de algo que se quiera olvidar, un recuerdo, un momento, un lugar; para olvidar no sólo hace falta un motivo, se necesita querer hacerlo.
Yo tengo cientos de motivos para olvidar, he pasado la página y quiero escribir en una nueva pero la testarudez me hace regresar a releer lo escrito esperando con torpe ilusión un chance para continuar los puntos suspensivos con párrafos nuevos en donde sigan viviendo los mismos personajes, aunque el príncipe haya muerto y la princesa ya no exista.
Y es que la razón no me alcanza, me deja los pies descubiertos, las manos, los dedos, el corazón al frío mientras en vela el alma ve marchitarse una a una cada esperanza. Por momentos veo con claridad, pero de tanto en tanto se empaña la razón y regreso al mismo lugar en donde me perdí la última vez pero la diferencia es que él ya no va conmigo, yo voy sola; voy sola por un camino que hacía mucho ya conocía, es el mismo camino que había evitado con temor absoluto y ahora recorro sin encontrar una salida.
Anoche mientras lo hacía tuve un sueño, no uno dulce como los que anhelo, fue tan ácido como la realidad misma y quise caer en cuenta porque fue claro, nítido y rotundo pero este corazón mío que no me deja, se prende con rapidez y se saca esperanzas del bolsillo.
De ahí me ha nacido un plan, el último, el que nace de un punto suspensivo y vive solo por una palabra de él; dejando a un lado mi orgullo, he esperado solo un detonante que salga de su boca, una sola chispa que me haga pensar que aún queda algo, pero peor que el silencio es la frialdad de sus palabras, tan llanas y llenas de olvido y desidia que dejan claro todo.
Esta noche hago lista de todo lo que me enamoró alguna vez y no encuentro nada que sobreviva, sólo mi triste recuerdo sonámbulo; porque el hombre que conocí ahora es un extraño, prepotente y petulante a quien no le importa que yo lo piense, lo ame y lo extrañe, él deja a mi corazón derretido drenarse y lo deja irse porque ya no le importa y mientras se diluye todo es aún claro.
Ya no tengo sueño, ya no tengo plan, ya no tengo nada, solo olvido. Pero para olvidar no sólo hace falta un motivo, se necesita querer hacerlo.

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