28 julio, 2010

El hijo de Tell y las manos de Midas



Son mis manos las de Midas y mis pies, el hijo de Tell. Que diera yo porque no dependiera de mi corazón, la esperanza de otros y porque mi voluntad no estuviera sujeta al deseo de los demás; que me dieran un corazón libre que solo rinda cuentas a sí mismo, que abandona la manzana y escapa corriendo hacia donde está su lugar. Si descubriera el remedio a los hechizos y cerrara yo mis ojos y mis manos tomaran el destino e hicieran de él un mapa nuevo con direcciones nuevas uno que sí pudiera usar, entonces disfrutaría a mis anchas perdiéndome en él, echaría a correr, abandonaría mi apellido y me sentaría bajo un árbol a comerme la manzana.

Apenas es mitad de semana y llevo a cuestas todo el mes y el año entero...

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