05 septiembre, 2010

Llorar a lágrima viva



Llorar a lágrima viva

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,

las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,

llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,

como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,

de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Oliverio Girondo



Yo tengo varias nubes adentro, muy adentro, arraigadas en el alma; me da la impresión de que si las lloro hoy, poco a poco bajará el caudal y mañana quedarán menos tormentas internas.
Si tan solo pudiera drenar con ellas, la incertidumbre y los miedos, lloraría aún con más ganas, lloraría riendo, soñando, esperando. Mas si no se puede, entonces lloraré de miedo temiendo, drenándome, sin esperar nada hasta que la lluvia que hay adentro se acabe y escampe en mi alma. Y mañana me mostraré valiente para vos, para que no te perturben mis lágrimas, para restarle angustia a tu vuelo sereno y darle consuelo a mis miedos.

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