21 septiembre, 2010

Humanamente errónea


Amo la humanidad que me sacude, que me hace estar viva, que me hace sentir el calor y el frío, tu amor y tu olvido. Humanidad que me atraviesa, que me hace errónea, torpe y poco ecuánime; que materializa esta alma eterna.

No soy incorpórea; tengo un cuerpo que, aunque mozo y novato, te ansía, te extraña y resiente la ausencia de tus manos en él. Un cuerpo vulnerable al recuerdo, que hace combustión junto a otro cuerpo, que responde a caricias, que se extremece si lo tocan, que no sabe ocultar las ganas. Tengo un cuerpo finito que se desgasta a preocupaciones; que se angustia sin necesidad; que se ofusca, se encolera y se encela; que se paraliza cuando oye tu nombre, cuando te recuerda, cuando te sabe perdido. Tengo un cuerpo pequeño y frágil, en cuyos adentros circula sangre, que siente dolor y sufre, que se permite sentir porque así se sabe vivo.

Humanidad mía, solo mía, que me dieron para que no tema vivirla; para que sea yo sin miedo a errores.
Esta es la única humanidad que tengo, la que te ofrezco para que ames.

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