11 septiembre, 2010

Quizás, quizás y quizás...

Has estado esperando una visita importante. Te preparaste para ello y estás a la puerta esperando que llegue, atento a la ventana porque sabés que en cualquier momento llegará quien esperás... De repente, suena un carro y te asomás pensando que sí es, mirás y te das cuenta que es el vecino del frente; te volvés a sentar y esperás un tiempo más, oís otro carro pasar y te palpita otra vez el corazón, espiás nuevamente por la ventana pero ves alejarse el auto de tu puerta; entonces decidís que mejor es sentarse.

En realidad, no sabés cómo llegará pero estás convencido de que vendrá; quizás estacionó lejos te decís o quizás vendrá a pie, quizás tomó el bus equivocado, quizás perdió el correcto, quizás se perdió con las calles confusas de tu casa, quizás se olvidó la dirección, quizás está tocando en otra puerta, quizás vive muy lejos y le tomará más tiempo llegar, quizás, quizás y quizás... Quizás sea mejor encender el tele para no esperar en silencio...

Pasan los minutos, las horas, los días, las semanas, vos mirás la puerta, ves pasar las agujas del reloj, mirás perdido el tele, no sabés que programa es pero las conversaciones sin sentido te hacen compañía mientras esperás.

De pronto, le bajás el volumen porque te parece haber escuchado algo afuera. Te asustás porque parece que se aproxima algo, el corazón te vuelve a funcionar, mirás de nuevo la ventana esta vez sin disimulo, lo hacés con desesperación porque estás un tanto cansado de esperar, te asomás, mirás lado a lado y te das cuenta que no hay nadie, no hay nada. Sin embargo, abrís la puerta porque quizás haya dejado una nota en la entrada, quizás haya sentido pena y se fue sin tocar y está a solo unas puertas, quizás si te asomás afuera te vea a lo lejos y se decida a venir, quizás, quizás y quizás... Quizás pero cuando abrís la puerta te das cuenta que aquel ruido lo imaginaste, nunca existió auto ni hubo pisadas cerca de tu puerta, ni hubo recado ni hay nadie a unos pasos, solo fue tu imaginación recordando el sonido de los autos y las pisadas de la gente.

Te sentás de nuevo tratando de olvidar que esperás algo. Vas a adentro; hacés tus cosas; te cambiás los zapatos; te ponés otra camisa, no la linda que me gusta, te ponés otra. Pero, de tanto en tanto, te fijás por la ventana no porque escuchés algo, si no porque no encontrás cómo no hacerlo.

Te recostás y en eso oís tocar la puerta, te asustás porque no sabés si sos otra vez vos imaginando sonidos esperados o es real lo que escuchás y hay realmente alguien que toca. Apagás el tele y oís el silencio angustioso, no hay golpes, esperás y recobrás el aliento, pero de repente golpes nuevos interrumpen, golpes secos de puerta. No querés mirar por la ventana, te asusta que sea sombra; querés ya abrir la puerta. Vas al baño, te arreglás el cabello, te mirás en el espejo, te cambiás la camisa, respirás hondo, te acomodás la ropa, volvés a respirar hondo y caminás a abrir la puerta, ves la hendija de luz que irrumpe por debajo de la puerta y ves moverse dos piececitos, el pulso se te acelera, te tiemblan las manos, las piernas, el cuerpo, un hielo frío te corre en la espalda. Ponés tu manita en la cerradura y abrís la puerta...

Y ahí estamos los dos, frente a frente, temblando, sudando frío, sintiendo que el corazón se nos sale. No tengo una frase coherente qué decir porque vengo desde lejos y se toma un largo tiempo llegar hasta aquí; olvidé tu dirección y me perdí entre tantas calles confusas; tomé un bus incorrecto y tuve que regresar a mi casa a buscar la dirección correcta. El viaje fue extenuante y temía perderme de nuevo buscándote, así que no quise salir ese día y me tomé un tiempo para planear una ruta.

Un día decidí que era tiempo de venir por vos y tomé el autobús pero estaba tan cansada que me dormí y me bajé después, en una parada errónea y caminé muchas calles tocando puertas equivocadas, dándoles a otros una descripción sobre vos. Conversé con extraños, les pregunté por vos; pensé encontrar tus ojos en otro rostro y quise creer que sí eras vos pero no eras, pensé escuchar tu voz en otra boca y quise creer que sí eras vos pero no eras; abracé, besé y quise; me abrazaron, me besaron y me quisieron pero ninguno eras vos. Me di por vencida muchas veces pero seguía esperando que alguien me dijera dónde estabas, que alguien supiera cómo llegar a tu casa pero todos me daban señales falsas, nadie sabía dónde encontrarte.

Un buen día llegué a esta calle y vi la que creía era tu puerta, quise tocar pero tuve temor de no fuera tu puerta, temor de que no seguirías esperando por mi, miedo de que ya hubieras abierto la puerta a otro rostro distinto al mío, me asustaba que ese otro rostro me abriera y que tuviera que regresar desde tan lejos llorando mi camino y tener que empezar a buscarte de nuevo. Entonces me fui un tiempo y luego regresé pero no sabía si estabas o si te habías ido, por ello me fui a espiar tu puerta desde un par de calles, un día te vi abrir y supe que todavía esperabas.

Este camino ha sido largo pero aquí estamos, te miro a los ojos, vos mirás a mi alrededor y luego me mirás, tampoco parecés saber qué decir; mientras solo espero que me confirmés que no estoy equivocándome de casa. Solo sé que necesito que digás que soy yo a quien esperabas; que finalmente me preguntés:

"mi amor, ¿por qué tardaste tanto?"


¿Te suena? Es porque también estoy esperando una visita importante. A veces le bajo el volumen al tele para escuchar mejor, a veces abro la puerta intempestivamente, a veces solo me siento tratando de olvidar que espero algo. A veces solo escribo, a veces solo pienso, a veces solo espero...


"Porque a mí me podrían arrancar el recuerdo como un brazo,
pero no la esperanza que es de hueso y cuando me la arranquen
dejaré de ser esto que te estrecha las manos
."

Jorge Debravo

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