29 octubre, 2010

Cachito de luna


Yo quería creer que habría un momento de los dos, en las que las agujas se detuvieran y nos dijeran que por fin había llegado nuestro tiempo... Pero ese "nuestro" tiempo se extinguió, el que yo pinté, el que dibujé junto a un corazón tan enorme como el mío, al que le asigné los más hermosos colores y al que todas las noches me sentaba a recitarle a un cuento con final feliz. De repente, se siente extraño pensar que nunca germinará ese tiempo, que no es el quien quiere abrazarme esta noche y quien quiere iluminar estos testigos ilusos, que no lo es y que nunca lo fue.

Si querés saber cómo me siento, te diré que me siento bien, aferrándome a las decisiones que convienen, restringiendo los suspiros y guardándolos en la caja que estoy reservando para vos. 
Estos días han sido buenos, en su mayoría alejarme de eso que me causa daño ha sido la cura a mi mal; no niego que he tenido 2 ó 3 breves episodios para pensar en el que hubiera pasado si... si... si estuviéramos juntos ahorita, si nada malo hubiera pasado... en si... son esos lapsos torpes y cortos. Estoy aprendiendo a ignorarlos y a seguir con el día.


 En fin...
Ayer me contaron un cuento loco de una desquiciada lunática que decíase tenía un corazón de chocolate, un corazón que podría derretirse de amor al escuchar tu nombre, al sentirte cerca, al saber que podía ser tuya y que, a su vez, podías ser enteramente suyo. Y esa loca psicótica de la que habla el cuento loco esperó largo tiempo en su cachito de luna, miró pasar los trenes, las bestias, los caminantes; quiso sonreirles pero temió caerse del cachito de luna y no poder regresar a él. Así que se durmió  esperando en el cachito de luna y nadie pudo despertarla, eternamente durmió soñando que alguien la despertaba.

Sólo te pido que no me dejés dormir para siempre...




Sí, Floricienta, una cancioncilla culiola de la que me acordé hace unos días. -.- Está bonita.

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