09 octubre, 2010

Ojitos de lluvia

-¿Y esos ojitos de lluvia?
-Nada, es solo que les gusta recordar...

Tengo un nudo en el pecho que sube hasta mi garganta y me extrangula la voz, no quiero hablar del tema... aunque sí quiero, quiero porque si lo cuento parecerá menos pesado. Le advierto que es demasiado irracional para ser entendido, tan épico que tendría que empezar a creer en dragones, castillos y caballeros de armadura, tan absurdo que pensará que lo soñé una noche loca de copas de vino.

Yo tenía un loco amor de ensueño que me cortaba la respiración, me elevaba sobre mis pies y me hacía sonreír como la más estúpida. Vivíamos en un mundito aparte construido para los dos, en donde no había reglas ni protocolos, en donde nos escondíamos del mundo loco de abajo para hacernos felices el uno al otro; inflamos el globo a puras promesas, juramentos y votos; lo poblamos de amor, le dimos hijos, nietos y bisnietos y envejecimos juntos en él. Un mal día, un agujero negro se tragó el mundo nuestro y yo me quedé sin él y él se fue sin mi; todo se desvaneció, no tomamos nada con nosotros, solo asumimos que ese mundo ya no existía y que no había forma alguna de que regresáramos a él. Él se fue a vivir lejos y yo me quedé abajo viviendo en un llano, a ratos cuando veo el cielo despejado y la noche se torna oscura veo el hueco que dejó nuestro mundo en el cielo, y compadezco al mundo nuevo en el que vivo porque si conociera el mundo de ensueño que yo dejé entendería porque tengo ojitos de lluvia. Yo quisiera recoger los pedacitos de recuerdos de nuestro mundo extinto para meterlos en la cajita vacía que él dejó, echarlos ahí para irlos guardando... guardando para algún día reconstruir el mundo loco de los dos; pero cada que tomo uno, sus aristas me cortan las manos y la sangre que brota pasa de dulce a ácida y hace arder las heridas. A ratos los dejo caer cual rocío y espero a que se vayan después del alba, a ratos los tomo con pinzas o me pongo las guantes, a ratos sólo extiendo mis manos y los rescato en el aire. (A ratos, mi amor, solo quisiera que estuvieras aquí para recoger los pedacitos conmigo). Algunas noches yo sólo evito mirar al cielo; por eso es que odio contar estrellas, mientras otros me hablan de su soberbio resplandor y de la majestuosidad de la luz que emiten, yo quisiera solo confesarles que el mundo que yo tenía brillaba más que la luna, el sol y las estrellas juntos pero quién me va a creer si los únicos testigos éramos él y yo y él no está aquí.
¿Les parece aterrador? Aterradora es la ausencia de ese mundo de los dos; aterrador es que tengamos lo que necesitamos en estos mundos nuevos; aterrador es no saber si habrá día para reconstruir nuestro mundo.
Yo sufro porque leo entre líneas y trato de convencerme que en algún lugar él todavía recuerda ese pequeño mundo de los dos y lo extraña como yo, que algún día me dirá que de todos sus mundos habitados, ninguno se compara con el nuestro. Pero esa es mi fantasía y de ella no hay testigos, solo estos ojitos de lluvia.

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