19 noviembre, 2010

Caminando

-Y... ¿no nos podemos ir caminando?

La noche es perfecta para caminar...
Yo me cambio los zapatos y vos te ponés la chaqueta; yo me suelto el cabello para que juegue un rato al viento y vos fingis que no estás cansado como para caminar tanto. Yo te cuento un chiste para malpensados y vos te dejás basurear para alegrarme el ánimo. Yo voy a dejar que me abrás la puerta pero no le comprés una rosa a ésta que no es tu novia.

Hablemos un tanto de Edén Pastora, de los ticos, de los nicas, del río, del partido, de las decoraciones extrafalarias del vecino, de las luces coquetas de esa puerta, del cierre de semana, de los pendientes de mañana, de esa señora paseando al perro, burlémosnos de los nombres chistosos de la gente pola, y luego cantemos una canción pegajosa.

No es que hoy esté callada, a ratos solo quisiera que te callaras un rato, la noche lo pide, que nos sentemos a compartir este silencio, que no digamos nada.

Pero no es la noche, 
ni la cena,
ni el regalo, 
ni la música...
ni el niño de las flores,
ni tu corte de pelo, 
ni mi risa burlona...
ni la luna,
ni mis secretos,
ni ese par de estrellas,
ni el camino,
no es nada de eso;
es solo que no soy yo
y no sos vos.

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