27 noviembre, 2010

Conversaciones violentas


Conversaciones a tequilas,
para hablar con ardor en el pecho y no en la garganta,
para sacarme en cara lo que él es y lo que yo no he sido,
para no llorar, 
para solo hablar honestamente...

Conversaciones guayabiadas
para mirarnos mañana con pena ajena
pero esta noche destrozarnos con palabras;
para luego arrepentirnos y reirnos por estúpidos, 
para dejar las reglas claras y no volver a traspasarlas
para que me diga que ahora prefiere ser solo mi amigo.

Conversaciones a vino, a whisky (odio el whisky), a borrachera,
para no leer mensajes de texto de media noche,
para olvidar que aquí tengo una conversación pendiente;
para fingir que no tengo sueño y que quiero seguir discutiendo
los sentimientos del mundo entero, de mi padre, de mi madre,
del vecino, del perro, de los peces, de los suyos, de los de ellos,
de los de él 
y solo cuando ya estamos cayendo dormidos 
pensar en los míos...

Conversaciones a galleta soda
y café
para ignorar los sentimientos 
de los que no tienen alma,
 para no mirarse a los ojos
para no decir nada;
para hablar de cosas superfluas:
de cómo hago el café, 
de diciembre que llega ligero,
de su horrendo corte de pelo,
 y de todo lo que importa un bledo.

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