21 noviembre, 2010

Mentiras

Mentiras... todas duelen, no importa el tamaño, el color ni el contenido, tampoco los motivos. Duelen afuera en quien las escucha y duelen adentro en quien las dice cuando no puede reparar el daño.
Es una historia como la de Juanito y el lobo y ahora aunque haya una verdad nadie la cree y de nada sirven los gritos ni los llamados porque las mentiras consumieron todo, cerraron los conductos auditivos, los caminos de los sueños y callaron una voz. Entre más se piensa, más parece perdido, aun con la verdad en la cuenta, las mentiras mancharon todo.

Vendí mi corazón por mentiras y costó caro, no hubo piedad en ponerle precio y no tuve suficiente para recuperarlo. Así que renuncié a intentarlo, tengo una verdad que apostaría puede cambiarlo todo pero no sé que tanto pueda servir una verdad a destiempo... Si una mentira tiene tanto poder, ¿cuánto más poder podrá tener una verdad?

Quien ama no miente y si miente no ama. Eso es lo paradójico, eso es lo que duele.

Quien ama todo lo cree. Yo no sé por que no me cuesta tanto creer.

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