18 noviembre, 2010

Mi arbolito de Navidad

Colocar el árbol y poner las luces siempre fue todo un ritual. Amo noviembre por eso, amo reírme desenrrollando luces, historias y anécdotas; poniendo esferas, sueños e ideas en mi árbol de este año que dejo y queda. Es mi tiempo único en el cual nada de lo afuera importa y todo este pequeño mundo de personas a quienes les importo, importa.

Para estos momentos tomo fotografías mentales para rebobinarlas en mi recuerdo y atesorarlas conmigo para momentos duros y así recordarme que pase lo que pase, este universo de personitas importantes son mi refugio en el día de lluvia y en la temporada tempestuosa.

Aun no decido si decorar mi casa o no, se va a sentir vacía sin nuestras risas cómplices, sin sus abrazos y consuelos nocturnos, sin sus regaños y sin la picardía nuestra de cada mañana.

Mis noviembres siempre son raros pero este diciembre que viene se siente distinto. 
Hace un año, solo un año, tengo sentimientos encontrados con eso... karma, karma... siempre me decía... Este fue un año rudo pero el año anterior tampoco fue fácil. Lo que voy colocando en mi arbolito son mis lecciones aprendidas, las que me van haciendo más fuerte y las que me hicieron débil en realidad, me recuerdan cuán frágil y diminuta soy en el universo de destinos por descubrir. 

Yo sé que estoy hecha de un material mucho más resistente que se va revelando conforme voy creciendo...

Hoy va a ser un lindo día.

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