31 diciembre, 2010

Luna roja

Esas tardecitas de viajes largos de carretera, con nada más que la música y los vidrios cerrados...
Buena canción.


Cuidame
yo te cuidaré
yo también pagué placeres ciegos
y no quiero ver
la luna roja
sobre el mar negro...

Te sacaba lo mejor y lo peor, sabía llevarte al cielo con solo palabras pero te hacía caer en el mismo infierno con una sola de sus acciones.
Sueño y pesadilla; día y noche; antídoto y veneno; calorcito en el verano pero frío y helado viento que te corta la piel en este invierno. Y te repetís que ya la olvidaste pero esta tarde de colores te sigue robando pensamientos de lo que fueron y de lo que no serán, de lo que ya no querés recordar pero tampoco encontrás cómo olvidar. No querés estar solo porque cuando lo estás su fantasma está con vos, cantándote al oído, hiriéndote la piel con sus ásperas y frías manos. 
Ha pasado tanto tiempo como agua debajo del puente, han pasado tantas eventos alegres como sueños rotos debajo del alma pero ni aún así, esta tarde de colores podés decir nunca la quise, nunca existió; porque en medio de todo, tanto sigue doliendo que la pensás tanto como ella te piensa a vos.

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