06 enero, 2011

Desempacando

Una de las cosas maravillosas de cambiarse de casa, aparte de no tener la menor idea de en donde está nada y hacer 7 mil viajes para ahorrarte un camión que al final te sale el doble de gasolina -.-, son todas esas cosas desagradables y agradables que te encontrás mientras estás empacando. 
El no tengo nada que ponerme y el pensé que esto lo había perdido empiezan a perder su efecto ante la cantidad de descubrimientos que hacés al ir revolcando entre las cajas, bolsas de indescifrables contenidos, libretas de apuntes, notas, empaques de chocolate, envoltorios y recuerdos. De pronto, no hace falta una máquina del tiempo porque un solo objeto te puede transportar a un lugar abandonado en el pasado. Y es cuando te das cuenta de las verdaderas dimensiones de los mares en los que te ahogaste y cómo todo en perspectiva cobra un matiz distinto...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Y vos qué pensás?