25 enero, 2011

Pranayama

Te inhalé hasta romperme las clavículas, hasta que el esternón no me dio más y sostuve tu aliento en mi pecho tanto como pude, secuestré tus pranas y los retuve conmigo con demencia hasta casi desmayar. 
Y vos... vos hiciste lo mismo pero exhalaste y tu vientre se quedó vacío sin tus pranas y sin los míos.
Somos lo que somos, más lo que el paso de tu aliento dejó en mi pecho.

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