20 abril, 2011

Cuesta arriba

-I can't... No puedo, te dije.
Que no puedo...

Y de sus ojitos hermosos unos grandes goterones le chorreaban a cada pedaleada y terminaba gritándome lo mismo.

-Mi vida pero lo estás haciendo, claro que sí podés, lo estás haciendo.
-No, no puedo...  

Y lloraba con mayor intensidad.

No sabía si reírme o agarrarlo a besos por rabioso pero con todo y todo no lo dejé bajarse de la bici apesar de que insistía en que no podía pedalearla cuesta arriba. 
Al cabo de un rato de llorar y gritar y de que muchos pasaran y nos vieran en aquel cuadro desastroso, se dio cuenta que efectivamente estaba pedaleando cuesta arriba y en ese momento me dio una de esas sonrisas ricas que se sabe y me dijo: 

-Viste como puedo.
-Sí, yo te lo dije, mi vida, que vos podías, te lo dije.

Y sonreímos los dos.

Esta ha sido una las tardes más lindas que he pasado desde que me vine, primordialmente porque pasé tiempo valioso con mi muñeco pero además por la valiosísima lección que me enseñó. 
Sobra decir que muchas veces he sentido que esta cuesta arriba es imposible para mi y aun pedaleando he estado convencida de que no hay forma de que pueda subirla y en mi negación completa de ello no me daba cuenta que efectivamente he estado pedaleando...

Es tan fácil desistir, darse por vencido rindiéndose antes de intentarlo, antes de saber si realmente se tiene la habilidad para hacerlo, no me alcanzarían los dedos de las manos para contar las veces que he gritado y llorado para que alguien me diga sí, está bien, rendite. Pero la respuesta siempre ha sido la misma, desde afuera a Dios le parece que si podés, que de hecho ya lo estás haciendo aunque en tu visión limitada estés tan concentrada en llorar, lo que no te percatás es que efectivamente desde hace rato podés pedalear cuesta arriba. Y es justo en ese momento que podés parar de llorar y darle al mundo una sonrisa grandota.


Sé hoy gentil con vos mismo y dime si no es tiempo de sonreír así grandote. Hay alguien que espera para sonreír con vos.

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