18 junio, 2011

Miradas


 Ayer le preguntamos a papi qué quería hacer para el domingo.

-un roncito aquí en la casa...
-ay, papi, vos sabés que no se puede...


Mi papá es un hombre callado, bastante serio pero dice muchas cosas con la mirada. Yo colecciono sus miradas desde que era niña, las guardo en un cajoncito y cuando me mira escarbo adentro para poder recordar una mirada distinta a la que ahora lleva; desde hace algún tiempo su mirada es la misma, nubladita como de despedida, si lo hago reír sus ojitos se entrecierran pero es la misma mirada. En mi cajoncito tengo miradas tan suaves y dulces como cuando lo abrazaba de niña pero tengo otras tan abrasivas que te consumen el pecho, tengo centenares de miradas que recordar y saco una cada día para pensar en él, en lo que es y en lo que ha sido. 

Mi papá tenía miradas para todo, desde desaprobación hasta la más alta manifestación de orgullo de padre, tenía una mirada para cada una de mis acciones, ¿les conté la historia del famoso Pichirulo? Esa mirada fue inolvidable, casi tan similar al día que decidí vaciar por el fregadero todas sus botellas de licores, no perdoné ninguna, incluso las de difícil abrir, mientras las vaciaba solo pensaba "quiero un papito para toda la vida, no quiero que tome alcohol". Hoy que le dijimos que no podía tomarse su roncito, me acordé de ese día, me acordé que habíamos estado hablando en la escuela sobre el abuso del licor, así que valiente yo decidí que era hora de eliminar las tentaciones... ay, los ojos de mi papá... jummm... desde ese día mi papá dice que soy su alegría más cara. Pero aún con lo enojado que estaba esa miradita la extraño porque ese hombre triste que está frente a mí; ese de miradita agotada, casi resignada no se parece a mi papá, atrás se quedaron las miradas altivas con las que nos enfrentábamos el uno al otro, aquí hay dos miradas iguales que en silencio se expresan cautelosas, deseando no perder este momento, recordando los juegos de miradas que se perdieron en ese vos sabés que no se puede.

El tiempo es un diluvio de enormes proporciones, que arrasa con todo y se lleva las miradas que marcaron mi vida y deja frente a mí un ser humano que ya no pretende ser un héroe, que no puede fingir orgullo, que ante nuestras prohibiciones responde con una mirada nubladita casi de despedida... Y a mí se me parte el alma porque me mata pensar que está es la última de sus miradas que voy a coleccionar.

Pensando en esto, me fui caminando a la licorera y le compré su ron, al final y al cabo, se lo debo...

5 comentarios:

  1. ¡Dígame al menos que fué Centenario! XD jijijiji...

    Pues si querida Luniux... primero tu padre te ama demasiado para no colgarte al botar las botellitas... yo la hubiera colgado XD jajaja... pero bueno fue un paso que se dió en su momento y a la larga debía de pasar... ahora, hoy, en su día espero que él disfrute su roncito, no es con la niña de aquella vez sino con la mujer de ahora... ;) que sigas coleccionando las miraditas de hoy, al ver la botella, al probarlo de nuevo... al verte a ti!

    Bendiciones, mon ami!!! QUe lo pases rico hoy

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  2. HAHAHAHAHA
    No puedo parar de reír. Pero le falta una parte de la historia de las botellas, la parte en la que me echó la culpa a mí!!!! >@
    Mieeeerdosa!!!!

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  3. jajaja... gracias, Paliux; la pasamos bastante lindo, si me colgaron, esa parte de la historia me la brinqué jajaja pero es una historia bonita que resucita cada vez que puede y de la que todos se ríen, eso es lo malo de ser tan tortera que se lo sacan en cara cada vez que se puede jajaja. Pero es divertido.

    y Chorly, no moleste, eso fue accidental! XD

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  4. Qué bonita historia...yo sé como es extrañar esas miradas...

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  5. Gracias.

    No sé, ahora que lo siento tan vulnerable, todas esas miradas de antes y cuando me retaba, lo extraño; no sé si extraño eso o me duele un poco el cómo nos llevábamos...
    Pero creo que muchas cosas se dicen solo con miradas y cuando me mira mi corazón recuerda tantas cosas...

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