29 junio, 2011

Cuerdas



Era un hombre anciano de tantos años como cabellos canos,
de sus dedos colgaban cientos de cuerdas blancas como negras tanto.

A ratos soñaba él y a ratos yo cansada de este sueño intransigente,
le gritaba que se despertara, que no jugara más con nuestras mentes.

El hombre no escuchaba, nos miraba de reojo y soltaba en carcajadas
de repente se cansaba y con desdén las cuerdas arrojaba.

Por largos se reía y luego con mofa sus dedos movía
retomaba las historias y luego se olvidaba de planearlas.
 
Era un hombre anciano con cientos de hijos bastardos,
que repetía personajes y luego se cansaba de soñarlos.


Tu teoría de las cuerdas me tiene cansada, que si a este golpe seco de tus cuerdas en el piso le llamamos destino es la forma vaga de darnos por vencidos, de echarte la culpa; para tí es una cuerda, para aquellos un punto, para mí una partícula de tantas dimensiones que se pierde en sí misma.
Y si somos el final de la cuerda o somos ella misma, si pasamos de electrones a cuerdas, si no tenés forma de probarlo, y si mientras me habla de teorías ininteligibles para mí, qué hay si solo quiero estar en casa, esperando que aún sin entenderla o comprobarla esta vibración tan misteriosa compruebe cuán única es esta cuerda.

2 comentarios:

  1. uuuuhhhh...

    ¡Bravooooo! :D

    Me ha encantado este post Luniux, tiene fuerza... energía... agresiva jejeje love it!!!

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