19 septiembre, 2011

De película


A ella le gustaban los besos de película y él lo sabía... por eso se detuvo frente a sus labios hasta obligarla a abrir los ojos, luego la besó en cámara lenta y ella solo pensó que así debía de ser un beso de película, así que ligeramente levantó la pierna para completar la escena.

Ella estaba acostumbrada a los romances de dos horas pero no sabía que hacer una vez que acababa el beso, tenía un miedo tonto a las malas secuelas... No sabía qué pasaba cuando se acababan los diálogos y no quedaban escenas que completar, cuando pasaban los créditos y las butacas seguían llenas de espectadores que no querían irse, fantasmas y miedos juntos sentados mirando a los actores. 

Así que él le sujetó las manos para obligarla a quedarse ahí con él, con los ojitos abiertos mirándose los dos, si se distraía con el público la retornaba con una de esas miradas que solo él sabía dar.  Así la acostumbró a mirarlo solo a él, a sostenerle la mirada sin tenerle miedo al silencio, a no decir nada.

Al final el público se aburrió y se terminó marchando, quedaron solo los dos en una escena que atentaba contra el arte cinematográfico, haciendo una historia escrita por nadie, una historia sin un fin... que tiene muchos comienzos cada día que viven juntos, todo porque él la obligó a darse cuenta que los mejores amores de la historia no se viven como en las películas.

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