10 septiembre, 2011

Dragones

-No me molesta matar tus dragones, me duele que siempre los resucites...


Escupían fuego, 
custodiaban princesas 
atemorizando a los príncipes 
y cuando se aburrían alzaban vuelo, 
¿a quién se le ocurriría que unas alas tan frágiles podían cargar tan pesados cuerpos?

Le parecía que se había acostumbrado a vivir con ellos, al punto que cocinaba la sopa a suspiros de dragón y solo le arrullaba su cálido aliento. Pero jamás era tan mortal la espada para acabar con ellos. 

Su imaginación, todavía más fuerte, soñaba con tener de almohada sus garras mitológicas para lucirlas de amuletos, como si lo hiciera más gallardo matar dragones...

No entendía... 
tal hazaña le ocupaba tanto tiempo 
que ignoraba 
que no había dragones
tampoco garras
ni princesas
menos príncipes,
que esas alas tan endebles
no podrían llevarse tanta carga...
que solo era ella calentando la sopa,
exhalando esos fríos,
intentando
sobrevivir a tantos homicidios.

2 comentarios:

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