03 marzo, 2012

Tus ojos gigantes

Lo nuestro tiene un dulce sabor impresionista, empieza con mi cabeza en tu almohada y termina con tus dedos desenredando mi pelo, no me muevo porque de todas nuestras pasiones violentas, la que más extraño es la del dibujo de tus dedos deshaciéndose en mi cuello. Cualquier palabra arruinaría el momento.

-Tus ojos gigantes.
-...¿Gigantes?
-Sí, me encantan...

Cualquier palabra arruina el momento... quisiera que callaras. Así el momento sería más eterno, así no tendríamos que hablar de ese escabroso tema pendiente... 

Porque francamente, y lo sé yo y lo sabés vos, lo nuestro es en realidad un tanto surrealista, como si te dedicaras a saltar en mis pestañas y yo temiera que cayeras y te ahogaras en mi ojo, como si tus miles de embarcaciones estuvieran a punto de encallar en mi ombligo y no hubiera forma de prender los faros, de gritar alertas, de que retomes los timones porque las manos nos pesan, porque yo no me quiero mover para no romper las líneas suaves de nuestra pintura impresionista.

-¿Querés desayunar? Puedo ir a comprar pan.
-No, no hace falta, ya es bastante tarde, tengo que ir a trabajar.

Un te llamo luego y un beso final tan tímido que parece el primero, que podría igualársele por torpe, por lo que significa o por lo que de hecho no sabemos qué representa.

Por eso no sé cómo disimular mi sonrisa culpable, o esta mirada un tanto perdida, que el reloj no avanza y el día me parece eterno, que escribí un mensaje y lo borré, que escribí diez más y que no sé que hacer con ellos; que hay muchos escenarios en mi mente pero uno solo en mi pecho, que de nuevo no sé qué pensar y por eso pienso mucho.

Que lo de nosotros necesita una galería para tantos arrebatos, desde ese cuadro dulce que no podés dejar de mirar hasta tu versión de mis ojos gigantes que no caben en el cuarto.

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