27 mayo, 2012

Sobre cosas importantes

Hablar de mi papá siempre me pone nostálgica, aunque nuestros criterios son absolutamente extremos él y yo tenemos una conexión bastante especial...
Cuando tenía 16 me hice un percing en el ombligo, lo mantuve oculto durante meses, no había ninguna forma de que mi papá lo aprobara. Mi hermano, que se había dado cuenta a las semanas, guardó el secreto a su conveniencia para chantajearme por un buen tiempo, debía cubrirlo, hacerle favores, prestarle plata, etc.; y asi hice hasta que un día en una acalorada pelea, decidió venderme y me obligaron a quitármelo. Me castigaron como un mes y todo ese mes hice ley del hielo en mi casa. Esa fue mi primera revuelta. Después de eso, renuncié a ser la niña de papá y empecé a hacer todo tipo de cosas para molestarlo. Me dejó de importar su opinión y empecé a construir la mía. Tan fuertes como eran sus castigos, empezaron a ser mis respuestas, culparon a mi círculo de amigos, a mi novio, a todo el mundo pero jamás pensó que su actitud déspota me había llevado a eso. No podía perdonar su doble moral ni podía escucharlo sin que se me encendiera un repudio por dentro. Siguieron muchos años de peleas, enojos y años completos de ley del hielo. Los años en los que no nos hablamos fueron los más duros y tristes de toda mi vida, aunque evadía su ausencia con cientos de cosas era un peso gigantesco en mi alma.

Una noche mi mamá me llamó para decirme que estaba en el hospital y ese día todo cambió... 


La vida está llena de cosas importantes y cosas de las que se puede prescindir. La vida misma es una de esas cosas importantes, muchas veces olvidamos la fragilidad de la misma y cómo en un abrir y cerrar se nos escapa. Tuve que darme cuenta de esto frente a una cama de hospital. Nos morimos de rencores, resentimientos y miles de malos recuerdos pero volvemos a vivir en un momento de perdón. 
Hay cosas tontas que se pueden volver importantes. Verlo tomar la sopa o ir a contarle un chiste sin gracia es de esas cosas, aliviana mi corazón y deja mayor espacio para buenos recuerdos. De repente aquellas discusiones trascendentales de temas tan importantes son nada, tan ornamentales, superficiales y prescindibles como un percing en el ombligo.

8 comentarios:

  1. Cuando somos jóvenes, esas nimiedades son problemas vitales. Y luego crecemos, y todo se reduce a esas cosas simples que mencionás. Aquellas pequeñas e inevitables guerras personales de alguna manera, nos forman.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente cierto, Maga.
      Estamos hechos de pasado, de errores o mejor dicho aprendizajes y lecciones alcanzadas.

      Eliminar
  2. :( aaaawww nena... me retuerces el corazoncito cuando te leo... a veces somos rebeldes SIN causa siendo adolescentes pero a nuestras edades nos damos cuenta del valor de lo que es realmente importante... un beso!

    ResponderEliminar
  3. Che! Me hiciste llorar... Tenés que avisar antes, no sé, poné un cartelito, algo, no sé...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Awww.. Dansan, qué comment tan tierno.
      Gracias. :)

      Eliminar
  4. Forma parte de las etapas de la vida, la nuestra...En la adolescencia dejas de admirar a los mayores, te rebelas contra los padres, te sumerges en la búsqueda de tu propia identidad, siendo amor y odio una constante social...Abrazos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto, la adolescencia es una etapa de búsqueda, la juventud también pero su vindicación está en que alcancemos aprendizajes y reflexionemos sobre ello.
      Saludos!

      Eliminar

¿Y vos qué pensás?