21 julio, 2012

En internet

  

Esta historia la cuenta mi papá, a mí no me consta y no la creo cierta pero él se ha dado el trabajo de darle difusión con todos los novios, pretendientes y amigos que me ha conocido, así como parientes lejanos, conocidos, vecinos, empleadas de la casa, testigos de Jehová, señores que venden enciclopedias y básicamente cualquiera que tocara a la puerta por un vaso de agua. A él le encantaba contarla y yo odiaba oírla, es de esas manías que tienen nuestros mayores por hacernos pasar vergüenzas y reírse a causa de la gracia que les da contar el evento pero más por la cara indignada nuestra ante una historia de la que no nos recordamos protagonistas pero que a punta de repeticiones nos sabemos de memoria.

La afamada leyenda familiar cuenta que cuando yo tenía como 3 años manejaba ya el carácter que tengo ahora y que un día, dado que mi papá se negaba a jugar conmigo porque tenía mucho trabajo (mi papá me heredó el terrible mal hábito de llevarse el trabajo para la casa), yo decidí ponerle fin a la jornada de una manera muy "creativa". Dice él, y quede claro aquí que jamás aceptaré la veracidad de su anécdota, que en señal de protesta me bajé los calzones y me oriné en sus documentos; todas las facturas y recibos de sus clientes quedaron empapados con el sello de mi revolución. Yeap... eso cuenta mi papá, y para él es la prueba fehaciente de que este bendito carácter lo he tenido desde niña, mi mamá jura que desde antes de nacer, que la pateaba si la posición en la que dormía no me gustaba jaja. 

Pero esa historia tonta no es sobre mí; es sobre cómo cada uno de sus minutos para mí son los máximo y de que yo haría lo que fuera para crear una dimensión en el tiempo en donde él sea solo mío. Es sobre cómo cada minuto es importante, sobre todo esto que nos está pasando y lo maravilloso que es que pronuncie nuestros nombres cuando está dormido; es sobre los gruñidos que hace entre sueños cuando le besó la frente y sobre su sonrisa que no es sonrisa pero que a mí me basta. Esta historia es sobre él, sobre lo mucho que a él le encantaba contarla y sobre todo el tiempo que ha pasado desde que la contó en su última vez. Es sobre cómo se le iluminaría la mirada si supiera que su historia favorita está en internet.

6 comentarios:

  1. Niña! Que carácter! Tu novio debería vivir con el paraguas en la mano. Te enojas y llueve :P
    Ahora fuera de broma... Esa historia ya no está en internet, ahora está en mi corazón, y en el de todos los que la lean...
    Beso!

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    1. jajaja... qué ingrato, ya me dio más vergüenza, si es que es posible. :S XD
      Saludos y gracias por leer, un besote!

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  2. En realidad no es nada ingrato, deberías sentirte orgullosa del carácter que tienes, la mayoría de las personas no son capaces de pedir claramente lo que necesitan. No digo que sea bueno andar orinando a los demás cuando queremos pedir algo, pero si creo que es muy bueno ser claros y directos a la hora de expresar lo que necesitamos; sin vueltas, sin histerias, sin dobles intenciones.
    Y no hay duda que tu padre es una gran persona, porque supo que no buscabas dañarlo al arruinar sus documentos, entendió que estabas expresando tu necesidad de jugar con él…
    Gracias a vos por escribir. Beso!

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  3. Ay, Dios jajaja. Gracias, Dan. :)

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  4. Si hiciste esos sos mejor que Dios jajaaj no creo en Dios pero igual

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    1. Jeje... yo no me creo la historia pero mi padre jura que sí y siempre la contado con absoluta convicción, debe estar exagerando. XD
      Saludos!

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