29 enero, 2013

Apostemos

Apostemos
a que la luna es un botón
que tus dientes desabrochan;
a que mi sueter negro es la noche
y mi cintura, Orión
de tus dedos cosmonautas.

Que debajo de la noche
mis colinas se convierten en volcanes.
Que si me besás un poco más
yo soltaré una lluvia de estrellas fugaces
para concederte todos tus deseos.

La noche es breve y esconde poco, 
seamos honestos
que ni tus ríos ni mis fuentes 
requieren de más palabras,
a tiempo estamos de que te desbordes
sobre todas mis llanuras.

Apostémoslo.
Pero apostemos algo.

Porque en este punto
quien gana o quien pierde es relativo,
jugamos siempre las mismas cartas,
blofeamos, cedemos,
me mirás, te espero
y se repite automáticamente la misma rutina
porque si me dices que me quieres,
que lo harás por siempre,
yo te lo creo.

Vamos. Apostemos.
Pero esta vez apostemos algo distinto.