16 febrero, 2014

Espacio


-Espacio.
-¿Espacio?
-Sí, un poco de espacio.
-Te doy el espacio sideral si querés.
-No, no es eso, estamos porque queremos estar.
-Y el espacio es no querer estar...

Y la puerta se azota y cuento tus palabras y las mías y si las sumás no alcanzan; si las restás, te debo o me debés, por lo menos, una disculpa.
¿Lo digo yo o lo decís vos? Pero alguien tiene que decirlo.

¿Empiezo yo? Mis despertares con vos son la prolongación de mis sueños de noche. Cuando me ataca el insomnio te veo dormir, perdés lo apuesto cuando dormís pero te veo y pienso que sos más allá de lo que yo siempre quise.
Odio pelear con vos. Odio que una palabra se convierta en el espacio sideral. Odio sentirme tan cansada, estresada y agobiada y no tener tiempo; odio no haberme quitado los zapatos y ya estar discutiendo con vos por cosas tontas... Y tal vez, sí tenés razón y en el espacio sideral hay tiempo para una pausa. Tal vez es que me haga falta hacerme astronauta o es que has redescubierto tu lado romántico, ese que regalaba estrellas y pintaba soles para mí y ahora estás dispuesto a darme el espacio sideral.