28 marzo, 2015

Ese lugar

Aquí te espero.
Como ayer.
Como hace dos noches.
Como quien se le va la vida en una espera.
Hoy te prometo que no lloro. Será cortito.
Te digo que matamos el tiempo y con ello nos matamos de a poco.
Tu cara es siempre la misma, como si de repente, a propósito de esta muerte dosificada, se hubiera quedado sin más expresiones.

Te voy a culpar, sí. Lo merecés. Desde que estoy con vos en estas luchas por el control, me estoy perdiendo, me dejo perder porque ya no quiero discutir. 
Quiero nuestro amor de hace unos años, nuestro amor loco y desaforado que me despidió de la tierra para mostrarme paraísos prohibidos. ¿Es que no te acordás? De esas conversaciones de la noche entera y del solcito en el aire que dibujaban tus dedos. Decime cómo fue que nos empezaron a devorar las hormigas, cómo fue que optamos por eliminar los besos cursis y nos dejaron sin nada.
Vos tenés la culpa, porque ahora no sé si te amo o solo me acostumbré a amarte más que a mí misma. Quiero que volvás pero no el tipo de antier, quiero que vuelva el tipo que me cantaba canciones por teléfono. 
Estamos en ese punto en el que no sé llorar, como si me hubiera secado de hace años. En el punto donde yo te escribo una carta que no sé si te interesa leer pero aún así la escribo en honor a la torpe fulanita que se enamoró de vos y que en el fondo cree que bastaría una brisa para que se encienda algo que nos devuelva a ese lugar en el que estuvimos.